He perdido la cabeza

He perdido la cabeza
-He perdido la cabeza -Eso me temo,estás loco,chalado,majareta...Pero te diré una cosa, las mejores personas lo están

lunes, 26 de diciembre de 2011

Agua turbia

Deja que el agua acaricie tu piel.
Sumérgete en la bañera, a la luz de las velas y cierra los ojos.
Ahora olvídalo todo, mi amor, ahora solo escucha el grifo correr y el movimiento del agua.
Siente la calidez que tu cuerpo helado buscaba y relájate.
Siéntete a ti, solo a ti, desde hace mucho tiempo.
Siente tus músculos cansados, los huesos bajo la piel.
Deja que tu cuerpo recupere la palidez y la suavidad de antaño, borrando las marcas del polvo y las heridas.
Túmbate, así, despacio.
Ahora tu cabello se esparce alrededor de tu rostro, movido por las aguas, y tu sigues con los ojos cerrados.
Estás preciosa.
Ahora sumerge la cabeza, todo tu cuerpo envuelto en cristal.
Y desde ahí abajo, abre los ojos, mírame. Lo ves turbio, quieres huír, pero, mi amor, no puedes huír ahora.
Aguanta un poco más. Sé que es duro, pero yo estoy aquí, cuidaré de ti.
Forcejeas un poco, no puedo dejarte salir, aún no.
Te sujeto y quieres soltarte, pero aún no es el momento.
Ahora ya estás más tranquila, flotas...
De golpe abres los ojos y te incorporas, desnuda, temblando, sentada en la bañera y el suelo encharcado de agua...
Me buscas, pero no hay nadie.
Te abrazas las rodillas con los brazos, con mis brazos y te das cuenta de que lo que te paraliza, lo que te destroza eres tu. Tu miedo.
Alzas la vista al espejo, y estoy yo...
Escalofrío. Se apagan las velas.



Licencia Creative Commons

Este obra de Pilar Hernández está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.


miércoles, 10 de agosto de 2011

Ojos que no ven...

La niña caminó por el pasillo con el oso de peluche fuertemente sujeto en la mano. Avanzó con curiosidad hasta la mesa de la costura y cogió el alfiletero.Una a una, fue acercando las puntiagudas agujas a sus enormes ojos marrones, y una a una las fue clavando.
El alfiletero se quedó casi vacío. Antes de dejarlo sobre la mesa de nuevo cogió el alfiler que quedaba, clavándolo en el ojo del osito, que sonreía inocente.
Se sentó en el suelo, con el muñeco sobre el vestido gris, y miró sin ver nada, mientras sus labios infantiles esbozaban una amplia sonrisa



Licencia Creative Commons

Este obra de Pilar Hernández está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

sábado, 6 de agosto de 2011

Solo somos hilos de plata

¿Que es lo que más duele?
Un corazón roto, perder a un amigo, quedarse solo, decepcionar a las personas que amas. 
Hacerles enfadar, saber que sufren, que están dolidos y es culpa tuya... Sentir el enfado en su voz, enfado hacia ti, por parte de alguien a quien quieres más que a nadie. Sentir que le has decepcionado. Y lo que es peor, sentir que no es la primera vez.
Y entonces, es cuando empiezas a cuestionarte sobre la fragilidad de las relaciones, como si fueran frágiles hilos de plata. Brillantes y cuidados, pero vulnerables a las tijeras de los miedos, las inseguridades...
Solo somos eso, pequeños puntos de luz conectados con mayor o menor fuerza por hilos de plata, que fluyen desde nuestro interior, desde lo más profundo de tus entrañas y de las del otro hasta formar un vínculo. A veces te parecen hilos irrompibles, pero siempre pueden quebrar, por cualquier cosa, y si lo hacen...
¿Que haces entonces?

viernes, 5 de agosto de 2011

La caja

Imaginaos, una caja. Una caja rectangular, de cristales blindados, capaz de resistir todo tipo de golpes o roturas...
E imaginad que dentro de esa caja, encerrais a un ser vivo. Una criatura tan pequeña que os cabría en la palma de la mano, frágil, vulnerable, y sola.
Desde dentro, la criatura podrá contemplar el mundo. Podrá ver como disfrutais, como sufrís, como estais juntos, como vais y venís con historias de lugares sorprendentes... Mientras ella solo puede permanecer ahí encerrada.
Con el tiempo, vereis que el bichito sufre, que llora y golpea los cristales con sus pequeños puños hasta que sus nudillos se tiñen rojos. Vereis como se debilita por momentos, mientras el resto del mundo sigue fluyendo, sin verlo.
Los golpes cada vez serán menos frecuentes, más flojos.
La diminuta figura se acurrucará en una esquina, rodeando su cuerpecillo frío con sus largos brazos.  Una lágrima golpea el fondo de la caja, un llanto silenciado por las paredes transparentes.
Cada vez más pequeña, cada vez, más perdida.
Mirareis hacia la caja, y no habrá nada más que cenizas.



Licencia Creative Commons
Este obra de Pilar Hernández está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported

miércoles, 3 de agosto de 2011

El bosque

Cuando empezamos a hablar sobre esto, no pensé en ello como algo real, sino como en un paisaje macabro y fascinante, pero completamente falso.
Sin embargo, al ver ahora ante mí la multitud de cuerpos frescos, colgando de los árboles como frutas maduras ...(suspiro).
Ahora es tan cierto como que yo estoy aquí de pie.
El viento sopla, pero las hojas de los árboles no se mueven. Si te fijas, te darás cuenta de que realmente no son hojas, sino que las ramas desnudas de los árboles están cubiertas por miles de cuervos de ojos oscuros como la muerte, inmóviles y silenciosos. De vez en cuando, alguno deja la rama para picotear los ojos de algún cadáver. Otras veces, prefieren arrancárselos cuando todavía respiran. Los demás graznan con un sonido espeluznante que recuerda a la risa humana mientras el hombre lanza alaridos y se agita colgado de la soga.
Cuando empezamos a hablar sobre ello no lo pensé como algo real. Y tu tampoco. ¿Sabes por qué lo sé? Porque aún ahora, colgado de tu rama, sigues mirándome con los mismos ojos desorbitados, como si yo me hubiera vuelto loco (sonrío).
Un cuervo se ha posado sobre tu cabeza, por lo que tengo la impresión de que nuestra conversación ha terminado. Recojo mi sombrero y hago una reverencia al cuervo que te picotea el ojo izquierdo. El animal hace una inclinación con la cabeza. La educación es fundamental.
Me voy, tal vez vuelva mañana, y con suerte, me mirarás con otros ojos.



Licencia Creative Commons
Este obra de Pilar Hernández está bajo una licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

jueves, 14 de julio de 2011

Vuelo a las estrellas

A veces creo que mi mente está desequilibrada. Lo pienso cuando veo al resto de la gente mirarme con una mezcla de repulsión y miedo en el rostro. No sé, yo solo busco nuevas formas de conseguir lo que imagino.
¿Mi próximo proyecto? Llegar a tocar las estrellas. Sí, las estrellas.
Llevó varias semanas cazando mariposas para ayudar en mi tarea. Cientos de tarros colocados por toda la casa, sobre todos los muebles...
Seguro que os preguntais como voy a hacer lo que me propongo, seguro que pensais que es imposible, pero no, yo se lo que falló la primera vez que alguien lo intentó y no cometeré el mismo error.
Ícaro intento volar al sol con alas de cera y cayó. ¡Alas de cera! fue una locura, acabo echo papilla contra el suelo todo roto, todo roto... y derretido jajajajaj.

Enhebro una nueva aguja con hilo de plata y cojo una de las mariposas azules. Aletea en mi mano, tratando de escapar, pero no voy a matarla... solo quiero que se quede unida a mi creación. Le atravieso el abdomen con la aguja y por un instante deja de moverse. Tal vez haya muerto, no importa, la saco del hilo y me dispongo a coger otra. Quizás pinchando un poco más arriba...
Por fin consigo encontrar el lugar por donde atravesar los insectos sin matarlos. Con los pájaros fue más fácil, simplemente dejaron de quejarse después de que les arrancara las alas, y coserlas entre sí fue fácil.

Volaré, volaré...
Eso es lo único que puedo pensar mientras veo mi obra terminada, todas aquellas pequeñas alas azules agitándose a un tiempo sobre las alas de plumas...
Queda la parte más complicada, preparar las alas para saltar.
Me coloco entre dos espejos, con la espalda descubierta, las alas a mis pies y la aguja con el hilo preparado en la mano. Con sumo cuidado empiezo a coserlas a mi espalda, justo sobre los omóplatos. La aguja entra y sale de la piel, teñida de rojo, duele, pero merecerá la pena cuando llegue a las estrellas.
Ya estamos listas, pequeñas criaturas, ya podemos volar, vamos a llegar tan alto como nunca nadie ha soñado... Loca decían jajajaj.
Subo a la azotea del edificio, necesitaré altura para levantar el vuelo. Las costuras escuecen. Siento el aire golpearme de frente, abriendo mis alas, las mariposas se agitan, asustadas o emocionadas por nuestra próxima hazaña. Lo más probable es que sea emoción.
Me acerco al borde, sonrío, no puedo dejar de sonreír, es divertido, volar, volar... y me dejo caer. Las alas se llenan de aire, tiran hacia arriba. los insectos tratan de huír al cielo pero están cosidos entre sí, y yo caigo, caigo... ¿Por qué no vuelo? 
Veo el suelo cada vez más cerca, en cualquier momento levantaré el vuelo, en cualquier  momento. Sopla un viento más fuerte, las alas se impulsan hacia arriba pero yo no. Siento un desgarrón, un dolor atroz en la espalda y sé que he perdido las alas. 
Casi he llegado al suelo. Me explotan los tímpanos, no oigo nada.
Le daré recuerdos a Ícaro cuando lo vea, le diré que mi inventó sí funcionó, que ha llegado a las estrellas...
Abro la boca para gritar pero me falta el aire...
Cierro los ojos.
El suelo.


miércoles, 13 de julio de 2011

Compases

Burbujeó la tinta de las notas
y espesa resbaló por el papel.
Se arrastró lentamente a través de las cinco líneas,
como un insecto negro y brillante.
Un olor nauseabundo empalagaba el aire,
mientras las notas abrían en la piedra heridas humeantes,
devorando con sus pequeños dientes la carne pétrea.
Su dura superficie surcada de venas y regueros de sangre.
Gota a gota, cayó el espeso líquido sobre el cuerpo desnudo.
Su piel, cubierta de heridas, hirvió al contacto. 
Lentamente, el líquido lamió con lascivia su piel,
penetrando con su lengua, infecta, en la carne abierta.
Temblores febriles se adueñaron de su cuerpo,
por sus venas corrió dulce y voraz el veneno
hasta rasgar su cuerpo.
Los temblores cesaron.
Solo el silencio.